Una tarde en La Manuela

En el Café La Manuela... Malasaña

La noche había caído sobre la ciudad con ese frío que obliga a la gente a caminar deprisa, pero dentro en La Manuela el aire era distinto, cálido, dorado, casi espeso por el aroma a madera vieja y whisky barato.

En una mesa junto a la ventana estaba ella, sola, con un abrigo oscuro colgado en el respaldo y las manos rodeando un vaso que ya no humeaba.

La música sonaba desde un viejo altavoz en la esquina, guitarras suaves, voces rasgadas, ese ritmo lento que parece latir con el corazón.

El tipo de música que no solo se escucha… se siente.

Mientras la melodía avanzaba, su mirada se perdía en el cristal empañado.

No veía la calle.

No veía a la gente.

Veía recuerdos.

Primero, una risa.

Luego, una mano entrelazada con la suya.

Después, un adiós que nunca terminó de entender.

El blues hacía su trabajo, le abría cajones de la memoria que ella creía cerrados.

Y su mente empezó a divagar, a viajar por escenas que nunca ocurrieron y otras que desearía haber vivido...

Una historia  en el aire y en sueños pasados

Campirela_






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