Escuchar música beneficia el bienestar en general, ayuda a regular las emociones, y crea felicidad y relajación en la vida cotidiana. También puede trasladarnos a un estado de ánimo mucho más positivo, recordar momentos felices, aumentar la autoestima y la confianza en nosotros mismos.
Bienvenidos a mi guarida, solo es necesario sentir la música lo demás... es vuestro libre albedrío.
Campirela_
Bueno, no me digáis que no es un temazo de los que cuando lo oyes se te pone la piel erizada, sí, ¿verdad? A mí me pasa un nosequé y un que sé yo, ajajajaj. Hay verdaderas joyas de décadas atrás que nunca pasarán de moda. Bueno, esto no es una moda, esto es una música que te llena el alma, el cuerpo, el horizonte; hace que sientas que tu vida merece la pena solo por escuchar esta música.
Os he dejado las cuatro versiones que conozco; no podría decir cuál de ellas es la mejor porque cada uno de los artistas brilla por sí solo. Espero que las cuatro la disfrutéis. Gracias por estar aunque sea en este rinconcito donde nos evadimos de nuestras cositas.
A los 17 años, la vida era un vinilo recién estrenado.
Las tardes olían a colonia barata y a libertad, y las noches empezaban siempre con un pacto silencioso: hoy se baila hasta que el cuerpo diga basta.
En la puerta de la discoteca, mios colegas y yo eramos un ejército sin armas, solo con ganas de divertirnos y bailar la música de moda.
Entonces sonaban los Dr. Hook , pícaro, descarado, con ese humor que hacía que todos se miraran de reojo, como si la vida fuera un guiño compartido.
Luego entraba Eaglesy el mundo se volvía carretera abierta, como si cada acorde te dijera que la juventud era un lugar al que se llega sin mapa. .
Ahí empezaban las risas, los pasos torpes, las miradas que prometían más de lo que decían.
Y cuando la noche ya estaba caliente, aparecían Electric Light Orchestray era como si alguien abriera una ventana dentro del pecho.
Sus teclados eran una especie de brújula emocional, te recordaban que había sueños más grandes que la discoteca, pero que esa pista era el primer territorio conquistado.
Entre esos tres grupos se tejió mi juventud:
Tres maneras de que estabas viva, que estabas empezando, que el mundo era enorme y yo también.
Tres grupos que a esa edad me daban alas para volar; después cambiaría de estilo, pero esos grupos dejaron su huella romántica en mí.
A veces nos sentamos, cerramos los ojos y dejamos libre el pensamiento, y si de fondo escuchamos esto, nos transportamos a ese mundo donde la magia existe y es esa la que nos da esa nebulosa en todo nuestro ser y flota, aun teniendo los pies en el suelo. Espero que os guste la selección; creo que todos, sin excepción, brillan por sí solos.
Os dejo casi una hora de dos grandes artistas, que solos brillan, pero unidos son la leche condensada...
Esas guitarras brillan solas, y las voces se acomodan a ellas; mejor es callarse y escuchar. Os aseguro que la recopilación es todo un concierto de sonidos donde te llegan a traspasar la sangre y es una inyección de vibra total.
Cada uno de estos temazos, porque para mí lo son; los he vivido, escuchado infinidad de veces y nunca me canso de ellos, será porque son divinos--- Gracias por llegar a este rincón donde los recuerdos me identifican.
La pandilla está reunida en la puerta del local, cada uno con su estilazo setentero‑ochentero: pantalones imposibles, camisas abiertas, brillo en los ojos y cero vergüenza en el alma.
Doy un paso al frente, levanto el brazo como si fuera a invocar a los dioses del ritmo y suelto:
—¡Démosle marcha a la noche!
Y de repente…
PUM.
La bola de espejos se ilumina sola, el DJ se gira sorprendido, las luces empiezan a parpadear como si te obedecieran, y tus colegas gritan:
—¡QUE EMPIECE LA FIESTA, COÑO!
Entra el primer temazo.
Paco hace su paso “cadera loca”, Marisa se transforma en un ventilador humano, Manolo intenta un giro que casi lo manda al suelo, y yo… yo me muevo como si la música me hubiera elegido sacerdotisa oficial.
La gente nos mira, se contagia, se une.
La pista se convierte en un carnaval improvisado.Y yo entre risas, sudor y luces, pienso
“Ay madre… si es que cuando digo marcha, es marcha.”
Esto podría ser una tarde de esas en las que la pandilla nos reuníamos en la discoteca y la pista era nuestra terapia más vital, haciendo que las risas se convirtieran en una descarga de adrenalina donde todos éramos en ese instante libres y felices.