Una tarde de discoteca!


Démosle  marcha a la noche

Mini‑escena para encender la fiesta

La pandilla está reunida en la puerta del local, cada uno con su estilazo setentero‑ochentero: pantalones imposibles, camisas abiertas, brillo en los ojos y cero vergüenza en el alma.

Doy un paso al frente, levanto el brazo como si fuera a invocar a los dioses del ritmo y suelto:

¡Démosle marcha a la noche!

Y de repente… PUM. La bola de espejos se ilumina sola, el DJ se gira sorprendido, las luces empiezan a parpadear como si te obedecieran, y tus colegas gritan:

—¡QUE EMPIECE LA FIESTA, COÑO!

Entra el primer temazo. Paco hace su paso “cadera loca”, Marisa se transforma en un ventilador humano, Manolo intenta un giro que casi lo manda al suelo, y yo… yo me muevo como si la música me hubiera elegido sacerdotisa oficial.

La gente nos mira, se contagia, se une. La pista se convierte en un carnaval improvisado.Y yo entre risas, sudor y luces, pienso

“Ay madre… si es que cuando digo marcha, es marcha.”

Esto podría ser una tarde de esas en las que la pandilla nos reuníamos en la discoteca y la pista era nuestra terapia más vital, haciendo que las risas se convirtieran en una descarga de adrenalina donde todos éramos en ese instante libres y felices.

Campirela_

Adolescencia...

 Orilla Amarilla

El sol de la tarde cae oblicuo sobre la orilla del río, tiñendo el agua de un verde amarillento que parece brillar desde dentro. Una pandilla de adolescentes —catorce años, energía desbordada, risas que se contagian— avanza por el borde, salpicándose sin piedad.

Uno empuja a otro, otro responde con un chapuzón más grande, y en segundos el grupo entero está empapado. El agua tibia les moja las zapatillas, los bajos de los pantalones, el alma entera. No hay móviles, no hay prisa, no hay nada más que ese instante suspendido.

Las risas rebotan entre los árboles. Uno de ellos levanta la vista y dice algo que nadie escucha del todo, pero todos entienden: están vivos, y lo saben. Ese tipo de vida que solo se siente a los catorce, cuando el mundo es enorme y el futuro todavía no pesa.

La cámara se aleja lentamente mientras siguen corriendo por la orilla, dejando huellas húmedas que el sol seca en segundos. El río sigue su curso, como si guardara el secreto de esa tarde para siempre..



Esta canción me trae tantos recuerdos de mi adolescencia que no he podido hacer un micro con algo que casi fue real, fue real... Campirela_

Una tarde en La Manuela

En el Café La Manuela... Malasaña

La noche había caído sobre la ciudad con ese frío que obliga a la gente a caminar deprisa, pero dentro en La Manuela el aire era distinto, cálido, dorado, casi espeso por el aroma a madera vieja y whisky barato.

En una mesa junto a la ventana estaba ella, sola, con un abrigo oscuro colgado en el respaldo y las manos rodeando un vaso que ya no humeaba.

La música sonaba desde un viejo altavoz en la esquina, guitarras suaves, voces rasgadas, ese ritmo lento que parece latir con el corazón.

El tipo de música que no solo se escucha… se siente.

Mientras la melodía avanzaba, su mirada se perdía en el cristal empañado.

No veía la calle.

No veía a la gente.

Veía recuerdos.

Primero, una risa.

Luego, una mano entrelazada con la suya.

Después, un adiós que nunca terminó de entender.

El blues hacía su trabajo, le abría cajones de la memoria que ella creía cerrados.

Y su mente empezó a divagar, a viajar por escenas que nunca ocurrieron y otras que desearía haber vivido...

Una historia  en el aire y en sueños pasados

Campirela_






Nuevo Año


 A veces la belleza se revela sin anunciarse, como un susurro que atraviesa el alma. En este encuentro entre la naturaleza y el canto, algo se abre dentro, el murmullo del río parece recordar un origen antiguo, el verde respira con una calma que abraza, y las montañas se alzan como guardianas de un silencio sagrado. Sobre todo ello, el canto gregoriano se eleva despacio, como una plegaria que no pide nada, pero lo entrega todo.

En esta unión de paisaje y voz, uno siente que el mundo vuelve a latir al ritmo de lo esencial, y que basta un instante de escucha para que el espíritu encuentre un refugio donde descansar.

Para este comienzo de Año, vamos a hacerlo un tanto espiritual y vamos a aparcar, no dejar jaja, el rock y ni vamos a relajar con estos bellos cantos gregorianos y el vídeo que una pasada. 

Espero que os guste y hasta pronto ... 

Campirela_

Una tarde de discoteca!

Démosle  marcha a la noche Mini‑escena para encender la fiesta La pandilla está reunida en la puerta del local, cada uno con su estilazo set...